…eran ya casi las seis, el agua brillaba y mis ojos cansados huyeron hacia otro lugar, estabas tu entre algodón de azúcar, mis pupilas se dilataron entonces, no sabia que hacer….
Esas eran la palabras de un hombre enamorado, de esos locos que se enamoran de un girasol en un campo de rosas, a los que les parece que el tiempo no es mas que una fugaz ráfaga bajo el hechizo hormonal.
La conocí una noche me decía el; una de esas que nada se espera, en las que el cielo esta despejado, las estrellas ni se miran y la luna esta en otra parte, lejos de ser una velada romántica, todo indicaba que seria una taciturna noche, y quizá acompañada por un par de payasos de cantina que gustan del amargo sabor, para olvidar lo amargo de sus vidas. Así se planteaba todo aquella vez, no fue hasta que decidió salir de casa y ando un par de cuadras y vio que una sombra en el asfalto aparecía, los ojos curiosos se levantaron y cruzaron con los de ella (allí dio un suspiro el viejo), un guiño seria el pie para ir mas allá y su sonrisa temerosa la señal de continuar. – “Si, era bella (decía el), pero no sabia cuanto hasta ese atardecer”, y me preguntaba yo de que hablaba ya el viejo. Tomo el bastón y seguimos caminando, y siguió contándome de la primera noche, -“hablamos sin cesar, parecía una sola voz una sola letra no podía definirlo, no fui hasta que volví a casa que vi mi cara de alegría y supe que era, amor, si amor era lo que buscaba, me lance en el lecho de mi habitación y profundo caí.
Pregunte luego, y ella ¿Dónde esta?, el viejo por viejo o por testarudo continuo como si no hubiera dicho nada, - eran las nueve de la mañana, unos meses ya habían pasado tras conocerla, ya unos tantos besos y caricias le había robado (de los lentes escapaba una lagrima), ese día saldríamos a la playa, los días de verano lo propiciaban, salimos y vimos el agua nuestros pies a eso de las once, como olvidarlo, jugamos allí como niños que aun creen en la navidad pero no creen en crecer, y así poco a poco se fue el tiempo, eran ya casi las seis, el agua brillaba… estabas tu entre algodón de azúcar, mis papilas se dilataron entonces, no sabia que hacer, (le hablaba el viejo a su musa) y simplemente deje que pasara, mis ojos se cerraron y mis labios por su parte hicieron lo contrario, la tome toda dibujando entre mis dedos su delicados detalles, desde su acorazonado rostro, hasta el broche de sus pechos, el tiempo se detuvo lo único que sentía era su aroma pero entonces hasta que en mi oído se cruzo un susurro resquebrajado, - co.. corazón no te rompas, ni derroches lagrimas, atónito trate de reaccionar, abrí los ojos pero no vieron mas. El viejo empezaba a desconcertarme, tomo algo de aire y luego mi hombro, levanto su rostro tratando de ubicar el mío y continuo así: Era de mañana, la nostalgia que ella me había dejado aun me invadía, nueve meses no son gran cosa, y llegaste vos, era un canasta pequeña entonces se detuvo el tiempo una vez mas y lo sentí, lo sentí otra vez, a su lado había una nota que no pude leer, y su paradero en ella, pero yo ya lo sabia, -¿Dónde? Pregunte, -entre nubes rosas.
Fotografías de Sergio Garzón
Fotografías de Sergio Garzón
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