Cruzó la puerta, era la esencia que rompía las buenas costumbres, y me cogió allí, con mis camisa en cuadriculas, bien adentro de los pantalones, y poco a poco se soltaron las lineas se ondearon los cuadros, y la camisa afuera fue la menor de mis preocupaciones.
No era la primera vez que una agitación así, había hecho tropezar a Roberto.
Sus pantalones tal vez no ahorcaban aquella primera vez, en ese momento era su mente la que estaba encerrada en un nudo de incertidumbres, el pasado se había encargado de despojarlo de sus sueños.
Era abril cuando un misión quijotesca, apareció del buen beber y el buen comer.
Andrés Pérez, Simón Bernal e incluso Laura Amariles acompañaban a Roberto aquella noche, pués solo del desvelo o de los estados alterados florece algo más que solo césped.
La misión era simple, por simple digo, el como se oía en palabras
Titubeante, así fue el andar de Roberto Lara a partir de ese día.
Sus ideas lúcidas, se esfumaban por la ausencia, el desposeer, el mirar distante alimentaba su amargura. La inquietud y la irreverencia ya no hicieron parte de su ser, caminaba desposeído, solo dos respiros cada corto tiempo le cambiaban el semblante.
La dejo huir esa ultima vez, y dos sorbos amargos después comprendió que debía aterrizar en las buenas costumbres.
No era la primera vez que una agitación así, había hecho tropezar a Roberto.
Sus pantalones tal vez no ahorcaban aquella primera vez, en ese momento era su mente la que estaba encerrada en un nudo de incertidumbres, el pasado se había encargado de despojarlo de sus sueños.
Sus ideas lúcidas, se esfumaban por la ausencia, el desposeer, el mirar distante alimentaba su amargura. La inquietud y la irreverencia ya no hicieron parte de su ser, caminaba desposeído, solo dos respiros cada corto tiempo le cambiaban el semblante.
La dejo huir esa ultima vez, y dos sorbos amargos después comprendió que debía aterrizar en las buenas costumbres.
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