Un hábito perdido en medio de la ciudad, lejos de auspiciar el encuentro de la ideas, los pensamientos se esfuman entre los muros de la ciudad, las luces en cada esquina apartan el encuentro con las estrellas, y el hombre agacha la cabeza como un cordero manso, lejos de pensar, una marcha incesante marca la parada hacia algo más grande o al menos es el mensaje que las pantallas nos mandan, libertad traducida artefactos que singularizan el ser, brebajes que convierten, que alienan el ser y su apariencia. Fue la libertad vendida en ventanas donde las sonrisas, la tez limpia son casi tan necesarias para soportar el cristal como el marco que las sostiene, una felicidad plana que contrasta con las inseguridades personales que no son rebatidas, porque el despertador ya empezó a sonar y el bamboleo no es otro más que ir a trabajar, la moral no es rebatida y asumimos delirios ajenos como parte de nuestra ética, pues agachar la cabeza es más sencillo que observar las estrellas. ...
Breves pensamientos, opiniones, cuentos cortos y un par de ilustraciones para acompañar. No espere encontrar la verdad, solo un poco de libertad.